México, Mundo

La importancia de construir comunidad

Hoy en día, en el mundo en general pero sobre todo en países desarrollados, las cifras que muestran las instituciones de salud nos dicen que hay cada vez más casos de personas con angustias crónicas, depresiones crónicas, estrés crónico, etc.
Una hipótesis que he escuchado y que me hace mucho sentido es que el ser humano, durante toda su historia hasta esta última generación, ha contado siempre con grupos de personas que lo apoyan y lo ayudan a lidiar con las adversidades de la vida. Las personas nunca habían tenido que enfrentar la vida solos: tenían a sus familiares que por lo general vivían cerca, además a sus vecinos con quienes tenían lazos profundos, además a sus congregaciones religiosas que eran parte esencial de su vida, y además a otros grupos sociales a los que se pertenecía como clubs y asociaciones civiles.
Vivimos en un mundo de gente cada vez más individualista, que si bien siente probablemente algún sentido de libertad en su individualismo, carece de todas estas redes de protección y apoyo y se ve forzada a lidiar sola con las adversidades de la vida: la familia está cada vez más dispersa, somos prácticamente anónimos en nuestros vecindarios, pertenecemos cada vez menos a congregaciones religiosas, y mucho menos a clubs o asociaciones civiles u otros grupos sociales. Es decir, nos hemos ido aislando cada vez más, y experimentamos cada vez más las adversidades de la vida sin el colchón que suponían todas las comunidades de personas a las que pertenecíamos.
Hoy, en general, estamos cada vez más solos, y por ende más estresados, angustiados y deprimidos. Me parecería imperativo revertir este proceso y, en nuestra vida personal, buscar pertenecer a tantos grupos de personas como sea posible, fortalecer nuestros lazos con otras personas y construir redes personales de confianza y apoyo. Este restablecimiento del tejido social que siempre había existido—por necesario—sería de gran beneficio para las personas y es indispensable para el mundo.

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Reflexiones

Sobre las recientes notas en prensa…

El pasado 18 de octubre, el diario The New York Times publicó una historia que vincula, sin fundamento alguno, a Executive Success Programs (ESP), empresa que dirijo en su capítulo México, con hechos presuntamente ocurridos recientemente, en Estados Unidos.

No obstante mi nombre no aparece en el citado artículo, ni hay un vínculo con lo que yo hago en México, no faltaron quienes, en redes sociales y aprovechando la resonancia en mi país de mi apellido paterno, me trataron de vincular personal y directamente, confundiendo con ello a la opinión pública.

Por ello, para mí es muy importante puntualizar lo siguiente:

1)     Rechazo categóricamente cualquier imputación que se haga sobre mi persona, los programas que ofrecemos en México y la institución que me honro en dirigir, respecto de los hechos que se refieren en el artículo del citado medio.

2)     Condeno y rechazo personalmente, y a través de todas las asociaciones de las que formo y he formado parte, cualquier forma de violencia, sometimiento, intimidación, presión o abuso en contra de persona alguna, especialmente las mujeres.

3)     Nunca, bajo ninguna circunstancia, alguno de nuestros clientes ha sido cohersionado, presionado o forzado a hacer algo en contra de su voluntad.

Por más de 15 años, he sido parte, facilitador y administrador de ESP México. En este periodo de tiempo, más de 16,000 personas, provenientes de 30 países, han participado en nuestros programas con un notable grado de satisfacción.

Guardo con particular orgullo centenares de testimonios personales y encuestas que muestran, contundentemente, el funcionamiento y la gratitud de la inmensa mayoría de nuestros clientes. Más importante para mí, hemos podido ver, juntos, que nuestras herramientas, programas educacionales, entrenamientos corporativos y coaching, funcionan y ayudan a mucha gente a lograr sus objetivos de vida y superar retos.

En numerosas ocasiones, a través de estas mismas herramientas y sin costo alguno, hemos ayudado a víctimas de violencia, secuestros, abusos y tragedias personales a salir adelante.

Éste es un compromiso central de ESP México; así lo ha sido y lo será para mí.

Mi trabajo es público y del mismo han sido publicados numerosos textos en reconocidos medios de comunicación y testimonios en redes sociales. Nunca ha sido un “secreto”, para mi, ni para los cientos o miles de clientes con los que he tenido el privilegio de interactuar personalmente (muchos de ellos, amigos a los que sigo frecuentando).

-Emiliano Salinas

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Identidad, Inlakech, México, Reflexiones

19 de Septiembre: Salir Fortalecido y no Debilitado de las Adversidades

AP Photo/Natacha Pisarenko

Cuando tengo gripa siempre entro en el dilema de si tomar algo para atacarla. Usualmente quiero que se quite lo más rápido posible pues tengo muchas cosas que atender y la gripa me limita. El tema es que la medicina ataca directamente la enfermedad, brincándose al cuerpo en el proceso. Si tomo medicinas, las medicinas hacen el trabajo por mi cuerpo. Si simplemente tomo vitaminas y suplementos para fortalecer mi sistema inmunológico, el cuerpo aunque apoyado, sigue siendo el que tiene que hacer el trabajo. Tarda más, pero los efectos son muy distintos. Cuando el cuerpo tiene que hacer el trabajo y vencer la enfermedad, sale fortalecido. Si un agente externo como una medicina ataca directamente la enfermedad, los síntomas pueden quitarse mucho más rápido, pero el cuerpo de hecho perdió una gran oportunidad de fortalecerse a través de esa batalla. De hecho sale de la enfermedad debilitado, más vulnerable a ella que antes, y por lo tanto más dependiente de las medicinas en el futuro.

Algo similar pasa cuando las comunidades enfrentan adversidades. Es entendible el deseo de “remediar” la adversidad tan pronto como se pueda, pero esto muchas veces se reduce a tapar los efectos a través de agentes externos como ayuda que se brinda de forma asistencialista. Es más rápido, y en el corto plazo políticamente más rentable. Pero al brincarse a la comunidad haciéndola objeto y no sujeto de esa ayuda, la comunidad también, como el cuerpo, sale de la adversidad debilitada, más vulnerable a adversidades futuras, y más dependiente del agente externo que antes. Esto, lejos de ser un beneficio, es una condena en el largo plazo para la comunidad, que podríamos evitar si estamos dispuestos, como en el caso mucho menos extremo de una gripa, de apoyar a la comunidad para que sea ella misma la que decida cómo administrar esos apoyos, se haga cargo de su propia reconstrucción, y se adueñe así de su futuro. Será una batalla mayor para la comunidad. Requerirá más esfuerzo. Será mucho más incómodo sin duda, pero le brindará el mayor beneficio que puede traer cualquier adversidad: fortalecernos y empoderarnos.

No les robemos esa oportunidad.

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México, Música, Reflexiones

U2 en el Foro Sol: Testigo de la Resiliencia de los Mexicanos

Foto: Ocesa/Chino Lemus

El pasado 3 de octubre fui con un grupo de amigos al concierto de U2: The Joshua Tree Tour 2017, en el Foro Sol de la CDMX.

Entre las cincuenta mil personas presentes había una mezcla de emoción por el concierto, nerviosismo por el horrendo ataque a un concierto en Las Vegas dos días antes, que dejó 59 muertos y más de 500 heridos, y la pesadez que sigue sintiendo la Ciudad de México tras el temblor del 19 de septiembre.

Se sentía esta mezcla de emociones, y se escuchaban comentarios alusivos a todos estos temas en la zona general en donde llevábamos parados dos horas esperando a que empezara el concierto (incluida la muy agradecida participación de Noel Gallagher como telonero). Finalmente U2 apareció, y tras cuatro de sus hits más conocidos, incluidos “Sunday Bloody Sunday” y “Pride (In the Name of Love),” arrancaron con “The Joshua Tree” en su totalidad.

Para los fans como yo de ese disco en particular, que me encontró a los diez años de edad y no me soltó nunca, fue revivir toda una época de nuestra vida y evocar un viaje que no ha terminado. Tras cada canción había gritos y aplausos, pero cuando iban a la mitad del disco, uno de mis amigos acertadamente me dijo: “he visto a la banda mucho más prendida en otros conciertos.” Yo sentía lo mismo, y le contesté: “pues es que estamos apaleados emocionalmente.” Y pensé en cuántos de los que estábamos ahí habrían estado los quince días pasados moviendo escombros, llevando ayuda a rescatistas, apoyando en centros de acopio o albergues. ¿Cuántos habrían perdido seres queridos? ¿Cuántos habrían pasado días esperando que tal vez encontrarían a su hermano o esposa aún con vida? ¿Cuántos estarían allí a pesar de ese dolor o justamente para tratar de procesar con la música ese dolor?

Al final del concierto, en la canción de “One,” la bandera de México en la pantalla gigante iluminaba el Foro entero, y al voltear vi sólo rostros con lágrimas en los ojos. Y me di cuenta una vez más que sin importar ideologías, clases sociales, ni qué tan bien o mal nos caigamos entre nosotros, a todos nos une el mismo amor. Y el mismo dolor.

Foto de El Informador

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Identidad, Inlakech, México, Reflexiones

19 de Septiembre: Nuestra respuesta sociedad civil

Credit Rebecca Blackwell/Associated Press

Leyendo recientemente sobre la estructura de las legiones romanas, me llamaba la atención que en una batalla no todos los soldados entraban en combate al mismo tiempo. Hace sentido. Las batallas podían durar un día entero, más a veces. Entonces los legionarios tenían turnos, se remplazaban unos a otros de forma orquestada, y los que esperaban sabían que su turno llegaría. No estaban sin qué hacer, estaban recuperándose pues ésta no era una carrera de velocidad, sino de resistencia.

La tragedia que hemos vividos los habitantes de la Ciudad de México y de otros siete estados del país es también una carrera de resistencia. La tragedia no terminará en unos días o semanas. Para muchas personas, quienes han perdido seres queridos, no terminará nunca. Si nuestro entusiasmo, si nuestro esfuerzo, si nuestra respuesta como sociedad civil, se termina en unos días o semanas, les habremos hecho flaco favor a quienes están padeciendo los efectos del temblor. ¿Cómo hacemos para que esto no sea una (muy admirable sin duda) llamarada de petate? ¿Podremos mantener el ritmos de trabajo y participación que tuvimos esta primera semana tras el siniestro? Por supuesto que no. No es realista esa posibilidad. Pero debemos, si queremos honrar a las víctimas y a los damnificados de esta tragedia, asegurarnos de que algo de esto (por mínimo que sea) perdure más allá de los próximos días o semanas. Para esto debemos administrar los recursos (materiales y humanos) para que duren para el mediano plazo.

Esto significa hacernos la pregunta: “¿Cuál es la mejor forma en que yo puedo ayudar? ¿Qué es lo que yo puedo hacer que nadie más puede hacer?” Y luego determinar nuestro nivel de compromiso por los próximos meses.

No vamos a destinar ocho horas diarias a labores de rescate y reconstrucción por los próximos seis meses. No es realista. Pero puedo comprometer dos horas a la semana y sostener ese compromiso mientras haya uso para esas horas de mi esfuerzo. Puedo comprometerme a que mis hermanos cuenten con esas horas de mi esfuerzo cada semana. Y puedo establecer comunicación con quienes están coordinando estos esfuerzos (un ejemplo de muchos es el movimiento Inlakech por la Paz), y así poder actuar de forma sostenida y organizada. Si logramos que esta estructura mínima sobreviva a las siguientes semanas y meses, eso será tal vez lo más valioso que habrá salido de los escombros de nuestras queridas ciudades y pueblos heridas.

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Inlakech, México

19 de Septiembre: Terror, Dolor, y Amor, Una vez Más

Credit Yuri Cortez/Agence France-Presse — Getty Images

Cuando era niño y jugábamos futbol en el patio de la escuela Ana Mansfield Sullivan (ahora es un centro comercial en la colonia Florida), no sabíamos de posiciones, táctica, estrategia ni trabajo en equipo. Éramos una bola de niños de kinder corriendo apasionadamente detrás de un balón. La versión más inocente e inexperta del futbol tal vez. La más enternecedora seguro.

La avalancha de ayuda civil a los esfuerzos de rescate tras el temblor de este martes, conmovedora por solidaria, por humana, por amorosa, también es una muestra de dónde estamos como sociedad civil en términos de organización y coordinación. Es un poco el paralelo de cuando jugábamos futbol en el kinder. Es grandioso lo que se ha hecho, y para quienes son expertos en la acción organizada, probablemente también conmovemos y enternecemos en el mejor sentido.

Ésta debe ser una llamada de atención para abandonar el asistencialismo que atrofia los músculos de la sociedad civil, y comenzar a desarrollar una sociedad organizada y efectiva, lo cual requiere esfuerzo constante, práctica constante, pruebas constantes; es decir un verdadero entrenamiento para que cuando se requiera como ahora, estemos listos para enfrentar la adversidad de forma óptima. Y no estoy hablando únicamente de un desastre natural; todos los días nuestro país enfrenta adversidades enormes. ¿Podemos como sociedad civil cerrar filas y enfrentarlas con la entrega que hemos visto esta semana?

Lo que recojo de estos días, del dolor, de la angustia, de la gran respuesta y de la solidaridad, es que los mexicanos seguimos teniendo ese fuego, ese corazón legendario que históricamente nos ha caracterizado. Eso no ha muerto y de lo más esperanzador. Somos un pueblo con un gran corazón y ese corazón impulsa nuestra entrega y pasión. También somos hoy un pueblo carente del entrenamiento correcto para enfrentar adversidades de forma organizada y efectiva, que aunado al corazón que tenemos, nos hará invencibles.

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