Identidad, Inlakech, México, Reflexiones

19 de Septiembre: Nuestra respuesta sociedad civil

Credit Rebecca Blackwell/Associated Press

Leyendo recientemente sobre la estructura de las legiones romanas, me llamaba la atención que en una batalla no todos los soldados entraban en combate al mismo tiempo. Hace sentido. Las batallas podían durar un día entero, más a veces. Entonces los legionarios tenían turnos, se remplazaban unos a otros de forma orquestada, y los que esperaban sabían que su turno llegaría. No estaban sin qué hacer, estaban recuperándose pues ésta no era una carrera de velocidad, sino de resistencia.

La tragedia que hemos vividos los habitantes de la Ciudad de México y de otros siete estados del país es también una carrera de resistencia. La tragedia no terminará en unos días o semanas. Para muchas personas, quienes han perdido seres queridos, no terminará nunca. Si nuestro entusiasmo, si nuestro esfuerzo, si nuestra respuesta como sociedad civil, se termina en unos días o semanas, les habremos hecho flaco favor a quienes están padeciendo los efectos del temblor. ¿Cómo hacemos para que esto no sea una (muy admirable sin duda) llamarada de petate? ¿Podremos mantener el ritmos de trabajo y participación que tuvimos esta primera semana tras el siniestro? Por supuesto que no. No es realista esa posibilidad. Pero debemos, si queremos honrar a las víctimas y a los damnificados de esta tragedia, asegurarnos de que algo de esto (por mínimo que sea) perdure más allá de los próximos días o semanas. Para esto debemos administrar los recursos (materiales y humanos) para que duren para el mediano plazo.

Esto significa hacernos la pregunta: “¿Cuál es la mejor forma en que yo puedo ayudar? ¿Qué es lo que yo puedo hacer que nadie más puede hacer?” Y luego determinar nuestro nivel de compromiso por los próximos meses.

No vamos a destinar ocho horas diarias a labores de rescate y reconstrucción por los próximos seis meses. No es realista. Pero puedo comprometer dos horas a la semana y sostener ese compromiso mientras haya uso para esas horas de mi esfuerzo. Puedo comprometerme a que mis hermanos cuenten con esas horas de mi esfuerzo cada semana. Y puedo establecer comunicación con quienes están coordinando estos esfuerzos (un ejemplo de muchos es el movimiento Inlakech por la Paz), y así poder actuar de forma sostenida y organizada. Si logramos que esta estructura mínima sobreviva a las siguientes semanas y meses, eso será tal vez lo más valioso que habrá salido de los escombros de nuestras queridas ciudades y pueblos heridas.