México, Música, Reflexiones

U2 en el Foro Sol: Testigo de la Resiliencia de los Mexicanos

Foto: Ocesa/Chino Lemus

El pasado 3 de octubre fui con un grupo de amigos al concierto de U2: The Joshua Tree Tour 2017, en el Foro Sol de la CDMX.

Entre las cincuenta mil personas presentes había una mezcla de emoción por el concierto, nerviosismo por el horrendo ataque a un concierto en Las Vegas dos días antes, que dejó 59 muertos y más de 500 heridos, y la pesadez que sigue sintiendo la Ciudad de México tras el temblor del 19 de septiembre.

Se sentía esta mezcla de emociones, y se escuchaban comentarios alusivos a todos estos temas en la zona general en donde llevábamos parados dos horas esperando a que empezara el concierto (incluida la muy agradecida participación de Noel Gallagher como telonero). Finalmente U2 apareció, y tras cuatro de sus hits más conocidos, incluidos “Sunday Bloody Sunday” y “Pride (In the Name of Love),” arrancaron con “The Joshua Tree” en su totalidad.

Para los fans como yo de ese disco en particular, que me encontró a los diez años de edad y no me soltó nunca, fue revivir toda una época de nuestra vida y evocar un viaje que no ha terminado. Tras cada canción había gritos y aplausos, pero cuando iban a la mitad del disco, uno de mis amigos acertadamente me dijo: “he visto a la banda mucho más prendida en otros conciertos.” Yo sentía lo mismo, y le contesté: “pues es que estamos apaleados emocionalmente.” Y pensé en cuántos de los que estábamos ahí habrían estado los quince días pasados moviendo escombros, llevando ayuda a rescatistas, apoyando en centros de acopio o albergues. ¿Cuántos habrían perdido seres queridos? ¿Cuántos habrían pasado días esperando que tal vez encontrarían a su hermano o esposa aún con vida? ¿Cuántos estarían allí a pesar de ese dolor o justamente para tratar de procesar con la música ese dolor?

Al final del concierto, en la canción de “One,” la bandera de México en la pantalla gigante iluminaba el Foro entero, y al voltear vi sólo rostros con lágrimas en los ojos. Y me di cuenta una vez más que sin importar ideologías, clases sociales, ni qué tan bien o mal nos caigamos entre nosotros, a todos nos une el mismo amor. Y el mismo dolor.

Foto de El Informador