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Identidad, Inlakech, México, Reflexiones

19 de Septiembre: Salir Fortalecido y no Debilitado de las Adversidades

AP Photo/Natacha Pisarenko

Cuando tengo gripa siempre entro en el dilema de si tomar algo para atacarla. Usualmente quiero que se quite lo más rápido posible pues tengo muchas cosas que atender y la gripa me limita. El tema es que la medicina ataca directamente la enfermedad, brincándose al cuerpo en el proceso. Si tomo medicinas, las medicinas hacen el trabajo por mi cuerpo. Si simplemente tomo vitaminas y suplementos para fortalecer mi sistema inmunológico, el cuerpo aunque apoyado, sigue siendo el que tiene que hacer el trabajo. Tarda más, pero los efectos son muy distintos. Cuando el cuerpo tiene que hacer el trabajo y vencer la enfermedad, sale fortalecido. Si un agente externo como una medicina ataca directamente la enfermedad, los síntomas pueden quitarse mucho más rápido, pero el cuerpo de hecho perdió una gran oportunidad de fortalecerse a través de esa batalla. De hecho sale de la enfermedad debilitado, más vulnerable a ella que antes, y por lo tanto más dependiente de las medicinas en el futuro.

Algo similar pasa cuando las comunidades enfrentan adversidades. Es entendible el deseo de “remediar” la adversidad tan pronto como se pueda, pero esto muchas veces se reduce a tapar los efectos a través de agentes externos como ayuda que se brinda de forma asistencialista. Es más rápido, y en el corto plazo políticamente más rentable. Pero al brincarse a la comunidad haciéndola objeto y no sujeto de esa ayuda, la comunidad también, como el cuerpo, sale de la adversidad debilitada, más vulnerable a adversidades futuras, y más dependiente del agente externo que antes. Esto, lejos de ser un beneficio, es una condena en el largo plazo para la comunidad, que podríamos evitar si estamos dispuestos, como en el caso mucho menos extremo de una gripa, de apoyar a la comunidad para que sea ella misma la que decida cómo administrar esos apoyos, se haga cargo de su propia reconstrucción, y se adueñe así de su futuro. Será una batalla mayor para la comunidad. Requerirá más esfuerzo. Será mucho más incómodo sin duda, pero le brindará el mayor beneficio que puede traer cualquier adversidad: fortalecernos y empoderarnos.

No les robemos esa oportunidad.

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Identidad, Inlakech, México, Reflexiones

19 de Septiembre: Nuestra respuesta sociedad civil

Credit Rebecca Blackwell/Associated Press

Leyendo recientemente sobre la estructura de las legiones romanas, me llamaba la atención que en una batalla no todos los soldados entraban en combate al mismo tiempo. Hace sentido. Las batallas podían durar un día entero, más a veces. Entonces los legionarios tenían turnos, se remplazaban unos a otros de forma orquestada, y los que esperaban sabían que su turno llegaría. No estaban sin qué hacer, estaban recuperándose pues ésta no era una carrera de velocidad, sino de resistencia.

La tragedia que hemos vividos los habitantes de la Ciudad de México y de otros siete estados del país es también una carrera de resistencia. La tragedia no terminará en unos días o semanas. Para muchas personas, quienes han perdido seres queridos, no terminará nunca. Si nuestro entusiasmo, si nuestro esfuerzo, si nuestra respuesta como sociedad civil, se termina en unos días o semanas, les habremos hecho flaco favor a quienes están padeciendo los efectos del temblor. ¿Cómo hacemos para que esto no sea una (muy admirable sin duda) llamarada de petate? ¿Podremos mantener el ritmos de trabajo y participación que tuvimos esta primera semana tras el siniestro? Por supuesto que no. No es realista esa posibilidad. Pero debemos, si queremos honrar a las víctimas y a los damnificados de esta tragedia, asegurarnos de que algo de esto (por mínimo que sea) perdure más allá de los próximos días o semanas. Para esto debemos administrar los recursos (materiales y humanos) para que duren para el mediano plazo.

Esto significa hacernos la pregunta: “¿Cuál es la mejor forma en que yo puedo ayudar? ¿Qué es lo que yo puedo hacer que nadie más puede hacer?” Y luego determinar nuestro nivel de compromiso por los próximos meses.

No vamos a destinar ocho horas diarias a labores de rescate y reconstrucción por los próximos seis meses. No es realista. Pero puedo comprometer dos horas a la semana y sostener ese compromiso mientras haya uso para esas horas de mi esfuerzo. Puedo comprometerme a que mis hermanos cuenten con esas horas de mi esfuerzo cada semana. Y puedo establecer comunicación con quienes están coordinando estos esfuerzos (un ejemplo de muchos es el movimiento Inlakech por la Paz), y así poder actuar de forma sostenida y organizada. Si logramos que esta estructura mínima sobreviva a las siguientes semanas y meses, eso será tal vez lo más valioso que habrá salido de los escombros de nuestras queridas ciudades y pueblos heridas.

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Inlakech, México

19 de Septiembre: Terror, Dolor, y Amor, Una vez Más

Credit Yuri Cortez/Agence France-Presse — Getty Images

Cuando era niño y jugábamos futbol en el patio de la escuela Ana Mansfield Sullivan (ahora es un centro comercial en la colonia Florida), no sabíamos de posiciones, táctica, estrategia ni trabajo en equipo. Éramos una bola de niños de kinder corriendo apasionadamente detrás de un balón. La versión más inocente e inexperta del futbol tal vez. La más enternecedora seguro.

La avalancha de ayuda civil a los esfuerzos de rescate tras el temblor de este martes, conmovedora por solidaria, por humana, por amorosa, también es una muestra de dónde estamos como sociedad civil en términos de organización y coordinación. Es un poco el paralelo de cuando jugábamos futbol en el kinder. Es grandioso lo que se ha hecho, y para quienes son expertos en la acción organizada, probablemente también conmovemos y enternecemos en el mejor sentido.

Ésta debe ser una llamada de atención para abandonar el asistencialismo que atrofia los músculos de la sociedad civil, y comenzar a desarrollar una sociedad organizada y efectiva, lo cual requiere esfuerzo constante, práctica constante, pruebas constantes; es decir un verdadero entrenamiento para que cuando se requiera como ahora, estemos listos para enfrentar la adversidad de forma óptima. Y no estoy hablando únicamente de un desastre natural; todos los días nuestro país enfrenta adversidades enormes. ¿Podemos como sociedad civil cerrar filas y enfrentarlas con la entrega que hemos visto esta semana?

Lo que recojo de estos días, del dolor, de la angustia, de la gran respuesta y de la solidaridad, es que los mexicanos seguimos teniendo ese fuego, ese corazón legendario que históricamente nos ha caracterizado. Eso no ha muerto y de lo más esperanzador. Somos un pueblo con un gran corazón y ese corazón impulsa nuestra entrega y pasión. También somos hoy un pueblo carente del entrenamiento correcto para enfrentar adversidades de forma organizada y efectiva, que aunado al corazón que tenemos, nos hará invencibles.

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Inlakech, México

Inlakech: El Programa Conoce a tu Vecino

Cuando arrancamos el movimiento Inlakech por la Paz, nos dimos cuenta de que la desarticulación ciudadana era campo fértil para todos los problemas de violencia que estábamos viviendo como país. Y lo que la gente nos decía cuando les hablábamos el proyecto era: “yo apoyo en lo que sea, sólo no me pidas que me junte con mis vecinos.” Ahí estaba el problema, y ahí había que atacar. Y es que el miedo se ha apoderado de nuestras colonias, pero no sólo le tenemos miedo a los criminales, nos tenemos miedo entre nosotros, pues no nos conocemos y no sabemos en quién podemos confiar y en quién no.

Diseñamos entonces un programa que se llama “Conoce a tu Vecino” que es un programa de prácticas vecinales, y que avanza a través de pasos. Empieza con el primer paso, que es saludar a la gente que ves en la calle. Lo más probable es que te saluden de regreso, y la siguiente vez que te encuentras a esa persona lo natural es saludarse. Por lo menos sabes que ese es amigable. Después sigue el paso de preguntarles su nombre y compartirles el tuyo. La siguiente vez que te encuentras a la persona sabes que ese es tu vecino “Jorge” y te sientes distinto con respecto a la persona. Tu experiencia va cambiando.

Tercer paso es compartir información adicional y pedir información adicional al vecino. Los pasos más avanzados van hasta organizar juntas vecinales, tener una comunicación eficiente, y saber en caso de emergencias quién es responsable de qué y qué tarea le toca a quién. Al hacer esta práctica, muy pronto pasas de vivir en un lugar de desconocidos, a vivir en un lugar donde conoces a la gente, sabes en quien puedes confiar y quien respondería por ti. Estamos formando verdaderas comunidades articuladas y capaces de respuesta. Esto es indispensable en la lucha contra la violencia y la delincuencia.

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Inlakech, México

Inlakech: El Programa de Silbatos

Entre 2010 y 2014 trabajamos en varios programas piloto con una comunidad en el municipio de Huixquilucan, Estado de México. Uno de estos programas fue el programa de silbatos. Consistía en que los miembros de la comunidad podían si lo solicitaban portar un silbato y usarlo en caso de una emergencia, un asalto, una agresión en contra de ellos etc. La idea era que al oír el silbato otros miembros de la comunidad acudirían en su ayuda. El compromiso era que cualquier persona que aceptaba portar y usar el silbato, aceptaba también atender cualquier silbato que escuchara.

Era un compromiso que generaba vínculos entre miembros de la comunidad que antes no existían. Con este programa se llegaron a evitar asaltos apersonas, una agresión a una mujer, y hasta un asalto a un establecimiento, en donde quien usó el silbato fue el hijo de 6 años de la dueña de la tienda que conocía el programa y sabía donde estaba el silbato de su mamá.

Hacen falta mucho más cosas para que una comunidad realmente opere de forma coordinada y actúe de forma efectiva contra la delincuencia, pero se tiene que empezar con el primer paso.

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