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La importancia de construir comunidad

Hoy en día, en el mundo en general pero sobre todo en países desarrollados, las cifras que muestran las instituciones de salud nos dicen que hay cada vez más casos de personas con angustias crónicas, depresiones crónicas, estrés crónico, etc.
Una hipótesis que he escuchado y que me hace mucho sentido es que el ser humano, durante toda su historia hasta esta última generación, ha contado siempre con grupos de personas que lo apoyan y lo ayudan a lidiar con las adversidades de la vida. Las personas nunca habían tenido que enfrentar la vida solos: tenían a sus familiares que por lo general vivían cerca, además a sus vecinos con quienes tenían lazos profundos, además a sus congregaciones religiosas que eran parte esencial de su vida, y además a otros grupos sociales a los que se pertenecía como clubs y asociaciones civiles.
Vivimos en un mundo de gente cada vez más individualista, que si bien siente probablemente algún sentido de libertad en su individualismo, carece de todas estas redes de protección y apoyo y se ve forzada a lidiar sola con las adversidades de la vida: la familia está cada vez más dispersa, somos prácticamente anónimos en nuestros vecindarios, pertenecemos cada vez menos a congregaciones religiosas, y mucho menos a clubs o asociaciones civiles u otros grupos sociales. Es decir, nos hemos ido aislando cada vez más, y experimentamos cada vez más las adversidades de la vida sin el colchón que suponían todas las comunidades de personas a las que pertenecíamos.
Hoy, en general, estamos cada vez más solos, y por ende más estresados, angustiados y deprimidos. Me parecería imperativo revertir este proceso y, en nuestra vida personal, buscar pertenecer a tantos grupos de personas como sea posible, fortalecer nuestros lazos con otras personas y construir redes personales de confianza y apoyo. Este restablecimiento del tejido social que siempre había existido—por necesario—sería de gran beneficio para las personas y es indispensable para el mundo.

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Identidad, Inlakech, México, Reflexiones

19 de Septiembre: Salir Fortalecido y no Debilitado de las Adversidades

AP Photo/Natacha Pisarenko

Cuando tengo gripa siempre entro en el dilema de si tomar algo para atacarla. Usualmente quiero que se quite lo más rápido posible pues tengo muchas cosas que atender y la gripa me limita. El tema es que la medicina ataca directamente la enfermedad, brincándose al cuerpo en el proceso. Si tomo medicinas, las medicinas hacen el trabajo por mi cuerpo. Si simplemente tomo vitaminas y suplementos para fortalecer mi sistema inmunológico, el cuerpo aunque apoyado, sigue siendo el que tiene que hacer el trabajo. Tarda más, pero los efectos son muy distintos. Cuando el cuerpo tiene que hacer el trabajo y vencer la enfermedad, sale fortalecido. Si un agente externo como una medicina ataca directamente la enfermedad, los síntomas pueden quitarse mucho más rápido, pero el cuerpo de hecho perdió una gran oportunidad de fortalecerse a través de esa batalla. De hecho sale de la enfermedad debilitado, más vulnerable a ella que antes, y por lo tanto más dependiente de las medicinas en el futuro.

Algo similar pasa cuando las comunidades enfrentan adversidades. Es entendible el deseo de “remediar” la adversidad tan pronto como se pueda, pero esto muchas veces se reduce a tapar los efectos a través de agentes externos como ayuda que se brinda de forma asistencialista. Es más rápido, y en el corto plazo políticamente más rentable. Pero al brincarse a la comunidad haciéndola objeto y no sujeto de esa ayuda, la comunidad también, como el cuerpo, sale de la adversidad debilitada, más vulnerable a adversidades futuras, y más dependiente del agente externo que antes. Esto, lejos de ser un beneficio, es una condena en el largo plazo para la comunidad, que podríamos evitar si estamos dispuestos, como en el caso mucho menos extremo de una gripa, de apoyar a la comunidad para que sea ella misma la que decida cómo administrar esos apoyos, se haga cargo de su propia reconstrucción, y se adueñe así de su futuro. Será una batalla mayor para la comunidad. Requerirá más esfuerzo. Será mucho más incómodo sin duda, pero le brindará el mayor beneficio que puede traer cualquier adversidad: fortalecernos y empoderarnos.

No les robemos esa oportunidad.

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México, Música, Reflexiones

U2 en el Foro Sol: Testigo de la Resiliencia de los Mexicanos

Foto: Ocesa/Chino Lemus

El pasado 3 de octubre fui con un grupo de amigos al concierto de U2: The Joshua Tree Tour 2017, en el Foro Sol de la CDMX.

Entre las cincuenta mil personas presentes había una mezcla de emoción por el concierto, nerviosismo por el horrendo ataque a un concierto en Las Vegas dos días antes, que dejó 59 muertos y más de 500 heridos, y la pesadez que sigue sintiendo la Ciudad de México tras el temblor del 19 de septiembre.

Se sentía esta mezcla de emociones, y se escuchaban comentarios alusivos a todos estos temas en la zona general en donde llevábamos parados dos horas esperando a que empezara el concierto (incluida la muy agradecida participación de Noel Gallagher como telonero). Finalmente U2 apareció, y tras cuatro de sus hits más conocidos, incluidos “Sunday Bloody Sunday” y “Pride (In the Name of Love),” arrancaron con “The Joshua Tree” en su totalidad.

Para los fans como yo de ese disco en particular, que me encontró a los diez años de edad y no me soltó nunca, fue revivir toda una época de nuestra vida y evocar un viaje que no ha terminado. Tras cada canción había gritos y aplausos, pero cuando iban a la mitad del disco, uno de mis amigos acertadamente me dijo: “he visto a la banda mucho más prendida en otros conciertos.” Yo sentía lo mismo, y le contesté: “pues es que estamos apaleados emocionalmente.” Y pensé en cuántos de los que estábamos ahí habrían estado los quince días pasados moviendo escombros, llevando ayuda a rescatistas, apoyando en centros de acopio o albergues. ¿Cuántos habrían perdido seres queridos? ¿Cuántos habrían pasado días esperando que tal vez encontrarían a su hermano o esposa aún con vida? ¿Cuántos estarían allí a pesar de ese dolor o justamente para tratar de procesar con la música ese dolor?

Al final del concierto, en la canción de “One,” la bandera de México en la pantalla gigante iluminaba el Foro entero, y al voltear vi sólo rostros con lágrimas en los ojos. Y me di cuenta una vez más que sin importar ideologías, clases sociales, ni qué tan bien o mal nos caigamos entre nosotros, a todos nos une el mismo amor. Y el mismo dolor.

Foto de El Informador

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Identidad, Inlakech, México, Reflexiones

19 de Septiembre: Nuestra respuesta sociedad civil

Credit Rebecca Blackwell/Associated Press

Leyendo recientemente sobre la estructura de las legiones romanas, me llamaba la atención que en una batalla no todos los soldados entraban en combate al mismo tiempo. Hace sentido. Las batallas podían durar un día entero, más a veces. Entonces los legionarios tenían turnos, se remplazaban unos a otros de forma orquestada, y los que esperaban sabían que su turno llegaría. No estaban sin qué hacer, estaban recuperándose pues ésta no era una carrera de velocidad, sino de resistencia.

La tragedia que hemos vividos los habitantes de la Ciudad de México y de otros siete estados del país es también una carrera de resistencia. La tragedia no terminará en unos días o semanas. Para muchas personas, quienes han perdido seres queridos, no terminará nunca. Si nuestro entusiasmo, si nuestro esfuerzo, si nuestra respuesta como sociedad civil, se termina en unos días o semanas, les habremos hecho flaco favor a quienes están padeciendo los efectos del temblor. ¿Cómo hacemos para que esto no sea una (muy admirable sin duda) llamarada de petate? ¿Podremos mantener el ritmos de trabajo y participación que tuvimos esta primera semana tras el siniestro? Por supuesto que no. No es realista esa posibilidad. Pero debemos, si queremos honrar a las víctimas y a los damnificados de esta tragedia, asegurarnos de que algo de esto (por mínimo que sea) perdure más allá de los próximos días o semanas. Para esto debemos administrar los recursos (materiales y humanos) para que duren para el mediano plazo.

Esto significa hacernos la pregunta: “¿Cuál es la mejor forma en que yo puedo ayudar? ¿Qué es lo que yo puedo hacer que nadie más puede hacer?” Y luego determinar nuestro nivel de compromiso por los próximos meses.

No vamos a destinar ocho horas diarias a labores de rescate y reconstrucción por los próximos seis meses. No es realista. Pero puedo comprometer dos horas a la semana y sostener ese compromiso mientras haya uso para esas horas de mi esfuerzo. Puedo comprometerme a que mis hermanos cuenten con esas horas de mi esfuerzo cada semana. Y puedo establecer comunicación con quienes están coordinando estos esfuerzos (un ejemplo de muchos es el movimiento Inlakech por la Paz), y así poder actuar de forma sostenida y organizada. Si logramos que esta estructura mínima sobreviva a las siguientes semanas y meses, eso será tal vez lo más valioso que habrá salido de los escombros de nuestras queridas ciudades y pueblos heridas.

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Inlakech, México

19 de Septiembre: Terror, Dolor, y Amor, Una vez Más

Credit Yuri Cortez/Agence France-Presse — Getty Images

Cuando era niño y jugábamos futbol en el patio de la escuela Ana Mansfield Sullivan (ahora es un centro comercial en la colonia Florida), no sabíamos de posiciones, táctica, estrategia ni trabajo en equipo. Éramos una bola de niños de kinder corriendo apasionadamente detrás de un balón. La versión más inocente e inexperta del futbol tal vez. La más enternecedora seguro.

La avalancha de ayuda civil a los esfuerzos de rescate tras el temblor de este martes, conmovedora por solidaria, por humana, por amorosa, también es una muestra de dónde estamos como sociedad civil en términos de organización y coordinación. Es un poco el paralelo de cuando jugábamos futbol en el kinder. Es grandioso lo que se ha hecho, y para quienes son expertos en la acción organizada, probablemente también conmovemos y enternecemos en el mejor sentido.

Ésta debe ser una llamada de atención para abandonar el asistencialismo que atrofia los músculos de la sociedad civil, y comenzar a desarrollar una sociedad organizada y efectiva, lo cual requiere esfuerzo constante, práctica constante, pruebas constantes; es decir un verdadero entrenamiento para que cuando se requiera como ahora, estemos listos para enfrentar la adversidad de forma óptima. Y no estoy hablando únicamente de un desastre natural; todos los días nuestro país enfrenta adversidades enormes. ¿Podemos como sociedad civil cerrar filas y enfrentarlas con la entrega que hemos visto esta semana?

Lo que recojo de estos días, del dolor, de la angustia, de la gran respuesta y de la solidaridad, es que los mexicanos seguimos teniendo ese fuego, ese corazón legendario que históricamente nos ha caracterizado. Eso no ha muerto y de lo más esperanzador. Somos un pueblo con un gran corazón y ese corazón impulsa nuestra entrega y pasión. También somos hoy un pueblo carente del entrenamiento correcto para enfrentar adversidades de forma organizada y efectiva, que aunado al corazón que tenemos, nos hará invencibles.

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Identidad, México

La Elusiva Identidad de los Mexicanos

¿Qué significa ser mexicanos? ¿Cuál es nuestro origen y el origen de nuestra identidad como mexicanos? En nuestras creencias se encuentra el veneno más mortífero para nuestra identidad como nación. Me explico. Desde la primaria vengo escuchando las mismas expresiones en todos lados; en la escuela, en la casa, en la calle. Ideas completamente asimiladas en nuestro cableado interno y reflejadas en frases como: “Los españoles vinieron y nos conquistaron!” Ah caray. ¿A quiénes? ¿A ti? ¿A mí? Yo no estaba, ni tú tampoco. Conquistaron a alguien, pero no fue a ninguno de los que hoy estamos aquí y nos llamamos mexicanos. Esa forma de pensar es una de las limitaciones más grandes que tenemos hoy como país, además de ser completamente invisible para la mayoría de las personas.

El imperio Español conquistó al imperio Azteca. La fusión de esos dos imperios dio origen a lo que hoy conocemos como México. Somos como pueblo el fruto del encuentro, lucha y síntesis de dos imperios, y de varias cosas más a lo largo del tiempo. Negar cualquiera de nuestras raíces es negar quiénes somos, y de paso cancelar gran parte de nuestro potencial. Decir (y pensar) que los españoles vinieron y “nos conquistaron” nos asume como un pueblo víctima, oprimido e indefenso. Es (para decirlo de forma poco elegante pero muy clara) como si una madre le dijera a su hijo: “tu papá vino un día y nos cogió a los dos.” Pues no, en todo caso a la mamá, y el hijo es el fruto de esa unión, por placentera o incómoda que haya sido. Y por más que no le caiga bien el padre a la madre en cuestión, el hijo es heredero de todas las fortalezas de ambos (que las tienen), y también de sus limitaciones (que también ambos tienen). Pero fruto de ambos por igual. Y víctima de ninguno.

Si en realidad nos asumiéramos como lo que somos: herederos de dos imperios, ¿nos veríamos distinto a nosotros mismos? Tal vez sí, y tal vez por eso no queremos, pues se acabaría uno de los grandes pretextos que esgrimimos para no salir adelante: nuestro complejo de pueblo conquistado.

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Cine, Comercio, México, Proteccionismo

El Verdadero éxito del Cine Mexicano, y de México como Nación

El 11 de julio en la 59 entrega de los premios Ariel se mencionó que el TLC había marginado al cine mexicano, y que ante una inminente renegociación, había que establecer una mesa de cultura para defender los derechos culturales de los mexicanos. Estoy cien por ciento de acuerdo en promover la cultura mexicana y la cultura en México y lo que México tiene que ofrecer culturalmente, que es muchísimo. Pero tengo una reflexión: Personalmente no conozco historias de éxito personal que digan así: “a esta persona le crearon las condiciones para que no tuviera que luchar, no tuviera que competir, no tuviera que abrirse paso en la jungla de la vida, y entonces fue sumamente exitoso.” Tampoco conozco sociedades o países exitosos cuya historia de éxito diga: “el país era muy pobre y entonces artificialmente le crearon las condiciones para que no tuviera que batallar, le quitaron los obstáculos y le inyectaron dinero del Fondo Monetario Internacional y ahora es un país desarrollado.” Por más que me esfuerzo, no encuentro esas historias.

Parece que así no suceden el éxito y el desarrollo. Las historias de éxito que conocemos hablan de cómo la persona o la sociedad tuvieron que luchar y sobrepasar sus propias limitaciones, y entonces, y sólo entonces, y a pesar de toda la adversidad, y yo diría gracias a toda la adversidad que enfrentaron, lograron un grado de crecimiento y éxito insospechado.

En mi opinión eso es lo que hace el proteccionismo: crear condiciones artificiales de comodidad y remover la adversidad y lucha necesarias en cualquier historia de éxito. Los datos y la lógica me llevan a pensar que el proteccionismo es la receta más infalible para el fracaso.

Hoy en México se está haciendo excelente cine, evidenciado por el éxito de películas mexicanas en festivales internacionales y los premios a cineastas mexicanos. Este éxito es el fruto de los retos que el cine mexicano ha tenido que vencer, internamente y en el extranjero. Quitarle esos retos al cine mexicano, aún con buenas intenciones, es quitarle la adversidad y la resistencia de donde impulsarse y a partir de la cual crecer. Es, de hecho, lejos de apoyarlo, quitarle todo apoyo. Apoyemos al cine mexicano. Entremos de lleno en la arena de la competencia mundial. No lo saquemos de esa arena como un lisiado que necesita “chance.”

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Inlakech, México

Inlakech: El Programa Conoce a tu Vecino

Cuando arrancamos el movimiento Inlakech por la Paz, nos dimos cuenta de que la desarticulación ciudadana era campo fértil para todos los problemas de violencia que estábamos viviendo como país. Y lo que la gente nos decía cuando les hablábamos el proyecto era: “yo apoyo en lo que sea, sólo no me pidas que me junte con mis vecinos.” Ahí estaba el problema, y ahí había que atacar. Y es que el miedo se ha apoderado de nuestras colonias, pero no sólo le tenemos miedo a los criminales, nos tenemos miedo entre nosotros, pues no nos conocemos y no sabemos en quién podemos confiar y en quién no.

Diseñamos entonces un programa que se llama “Conoce a tu Vecino” que es un programa de prácticas vecinales, y que avanza a través de pasos. Empieza con el primer paso, que es saludar a la gente que ves en la calle. Lo más probable es que te saluden de regreso, y la siguiente vez que te encuentras a esa persona lo natural es saludarse. Por lo menos sabes que ese es amigable. Después sigue el paso de preguntarles su nombre y compartirles el tuyo. La siguiente vez que te encuentras a la persona sabes que ese es tu vecino “Jorge” y te sientes distinto con respecto a la persona. Tu experiencia va cambiando.

Tercer paso es compartir información adicional y pedir información adicional al vecino. Los pasos más avanzados van hasta organizar juntas vecinales, tener una comunicación eficiente, y saber en caso de emergencias quién es responsable de qué y qué tarea le toca a quién. Al hacer esta práctica, muy pronto pasas de vivir en un lugar de desconocidos, a vivir en un lugar donde conoces a la gente, sabes en quien puedes confiar y quien respondería por ti. Estamos formando verdaderas comunidades articuladas y capaces de respuesta. Esto es indispensable en la lucha contra la violencia y la delincuencia.

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Inlakech, México

Inlakech: El Programa de Silbatos

Entre 2010 y 2014 trabajamos en varios programas piloto con una comunidad en el municipio de Huixquilucan, Estado de México. Uno de estos programas fue el programa de silbatos. Consistía en que los miembros de la comunidad podían si lo solicitaban portar un silbato y usarlo en caso de una emergencia, un asalto, una agresión en contra de ellos etc. La idea era que al oír el silbato otros miembros de la comunidad acudirían en su ayuda. El compromiso era que cualquier persona que aceptaba portar y usar el silbato, aceptaba también atender cualquier silbato que escuchara.

Era un compromiso que generaba vínculos entre miembros de la comunidad que antes no existían. Con este programa se llegaron a evitar asaltos apersonas, una agresión a una mujer, y hasta un asalto a un establecimiento, en donde quien usó el silbato fue el hijo de 6 años de la dueña de la tienda que conocía el programa y sabía donde estaba el silbato de su mamá.

Hacen falta mucho más cosas para que una comunidad realmente opere de forma coordinada y actúe de forma efectiva contra la delincuencia, pero se tiene que empezar con el primer paso.

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